
El pasado 18 de junio falleció a los 87 años en su residencia de las Palmas uno de los genios de la literatura contemporánea, el portugués José Saramago. La noticia me impactó bastante no sólo por saber que es un escritor brillante, sino porque este mismo año había leído su famoso libro Ensayo sobre la ceguera y me había gustado tanto que pensaba comprarme algunos de sus libros, como por ejemplo Caín o El evangelio según Jesucristo. Ésta última obra le costó al escritor algunos problemas con la Iglesia Católica y con su país natal (por eso vivía en Las Palmas actualmente), por lo que amigos ateos, ya sabemos lo que hay que leer éste verano. Su fallecimiento me ha impulsado a hablar esta vez del único libro de Saramago que leí mientras él vivía, mas sé que leeré, sino toda, gran parte de su obra en un futuro no muy lejano.
Centrémonos ahora en su novela Ensayo sobre la ceguera, quizá la más famosa de todas y la que le hizo finalmente conseguir el Premio Novel de la Literatura en 1998. La historia comienza en un espacio y un tiempo indeterminados, aunque es probable que sea una ciudad en la década de los noventa. Un hombre se queda ciego súbitamente mientras espera en su coche a que el semáforo se ponga verde. El hombre se pone muy nervioso, los demás coches le pitan hasta que los demás conductores se bajan y les explica que se ha quedado ciego. Una persona de entre los presentes se ofrece para llevar a su casa al ciego. Tras dejarlo en su casa, el ciego se da cuenta de que se ha quedado con las llaves de su coche. Aquí podemos ver lo bueno que es el ser humano cuando otro es más débil. La mujer del ciego lo lleva al hospital, donde un oculista lo examina y no sabe cuál puede ser la enfermedad ocular del paciente, pues su ojo está en perfectas condiciones. Al día siguiente, el oculista está ciego, y las demás personas que estuvieron en contacto con el primer ciego también. Se desata una epidemia de ceguera que se expande rápidamente, y los ciegos son llevados a sitios abandonados custodiados por el ejército.
El oculista es trasladado a un manicomio abandonado para estar en cuarentena, y su esposa, a pesar de no estar ciega, se hace pasar por una para poder acompañarlo. El manicomio, al principio, está dividido en dos partes, una para los ciegos y otra para las personas que estuvieran cerca de ellos, por lo que tienen riesgo de estar contagiados. La epidemia se hace incontenible, y todo el mundo se vuelve ciego irremediablemente... menos la esposa del oculista. Ella es probablemente la que más sufre durante todo el relato, pues puede ver todo lo que ocurre en ese manicomio. El ejército no les proporciona suficiente comida, por lo que unos se hacen con toda y obligan a las mujeres a mantener sexo con ellos para poder dar algo de comida a todos los demás ciegos, el suelo se llena de excrementos que los ciegos van pisando, los muertos se amontonan en el suelo... y la cónyuge del oculista lo ve todo, deseando estar ciega como los demás.
Durante toda la novela se puede apreciar el egoísmo del ser humano cuando se lucha por la supervivencia, cómo unos se aprovechan de otros cuando tienen la oportunidad. Los personajes no tienen nombres, sólo se hace mención a ellos a través de una característica suya, como el oculista o el primer ciego, algo común en las obras de Saramago. Los diálogos no se separan con guiones, sino con comas, sin dejar ningún espacio, lo que a veces me ha hecho pararme unos segundos para saber quién era el que decía la frase.
No hablo más del libro, del que podría estar escribiendo unas cuantas horas más, pero tampoco es cuestión de que sepáis lo que va a pasar mientras leéis. Yo os lo recomiendo, no es un libro pesado y te hace reflexionar sobre qué pasaría en una verdadera crisis humana.
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