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19 de noviembre de 2017 | Ángel Alcalá Pedrajas

VIAJAR A GRECIA (II)

Nuestra tercera jornada iba a ser muy peculiar y distinta a las demás. Consistiría en un Crucero por las islas del Golfo Sarónico, situadas al sur de Atenas y notables desde el punto de vista arqueológico e histórico, aspectos que no pudimos apreciar convenientemente dada la brevedad de nuestras respectivas visitas. A las 7´ 15, un autocar nos trasladaba del Hotel Stanley al puerto del Pireo para embarcar en un ferris, que nos iría dejando y recogiendo de isla en isla. A bordo, un abigarrado e incesante trasiego de gente de distintos países y culturas, aunados todos por el idéntico deseo de pasar un día inolvidable. La travesía no iba a ser larga; pero sí más que propicia para el encuentro y la convivencia de tan variopinto pasaje. Sobre todo del grupo de cordobeses, que pese a nuestra afinidad por razones de geografía, apenas nos conocíamos. El almuerzo y la prolongada sobremesa, también dentro del barco, permitió un trato más cercano entre nosotros, un intercambio abierto y confiado de ideas, sentimientos, convicciones, experiencias… Un diálogo que culminó en una especie de inesperado milagro: charla que te charla llegamos a descubrir que ¡¡tres de nosotros habíamos sido condiscípulos y en este pequeño crucero volvíamos a encontrarnos al cabo de 50 años!!... El ferris hace su primera escala en HIDRA,  largo risco de piedra sin vegetación ni playas, pero con abundantes calas de fondos transparentes; nos dice Eleni, la guía local, que en verano se convierte en lujosa residencia de armadores atenienses y refugio de artistas e intelectuales de todo el mundo; esta “jet set” ocupa las casas dispuestas en forma de anfiteatro alrededor del pequeño puerto y de la iglesia, levantada en el siglo XVII, que recuerda en sus arcadas y patios a los palacios venecianos. Luego en POROS, isla arropada por bosques de pinos, olivos y limoneros; sus macizos de flores, cayendo sobre la blancura de sus casas, parecen asomarse a recibir gentilmente a quienes llegan a su puerto. Y finalmente en ÉGINA, la mayor de las tres con 15. 000 habitantes, famosa por su cerámica y producción de pistachos; en 1828 compitió por la capitalidad con Atenas, siendo sede del primer gobierno griego; cuenta con importantes monumentos bizantinos y variopintas casas de estilo neoclásico. Cae ya la tarde, cuando reembarcamos para volver a Atenas. Contemplando desde popa la escapada del sol por el horizonte marino, siento que he vivido un día de especial encanto…

Y afrontamos la cuarta y más ansiada etapa de nuestra ruta. Durante ella visitaríamos la capital de Grecia, ATENAS, y nos adentraríamos en la que viene a ser su corazón, La Acrópolis, cuna de la civilización griega y occidental.  La empezamos con una Eucaristía en la capilla de S. José de la Catedral Católica de S. Dionisio Areopagita. A la salida, Nina, la nueva guía local, nos explica que esta Catedral es uno de los pocos templos católicos existentes en Atenas, porque en Grecia el 81 % de la población sigue la religión ortodoxa griega, según el euro barómetro. Es la religión oficial del Estado, que paga el salario y pensiones a los popes o ministros de las parroquias locales, donde trabajan y viven con sus esposas e hijos, ya que la fe ortodoxa permite que sus sacerdotes contraigan matrimonio y formen su familia. Debido a que desde siempre estuvo muy próxima al pueblo, desempeñó un gran papel en la formación de la identidad griega y en las luchas patrióticas por la independencia, la Iglesia ortodoxa helénica continúa siendo muy respetada en la sociedad griega actual. Como el odós Dionissiou Areopagitou, o primer camino peatonal de subida a la Acrópolis arranca casi de la misma escalinata de la Catedral de S. Dionisio, enseguida nos disponemos a seguirlo; pero al llegar a una pequeña placeta ajardinada y boscosa, Nina nos invita a sentarnos en el suelo o en unos poyos circundantes para decirnos: estamos en el Areópago, una pequeña colina frente a la Acrópolis, dedicada al dios Ares, donde se reunía el Consejo de Arcontes y el Tribunal de delitos de sangre; aquí también, en el año 51, el Apóstol Pablo de Tarso pronunció estas palabras: “Atenienses, veo que sois muy religiosos, porque al pasar he hallado un altar en el que habéis escrito: “Al dios desconocido”. Pues ese que sin conocerle veneráis, es el que yo ahora os anuncio”. La reacción de los oyentes a tal mensaje fue bien altanera e irónica; sin embargo, no pudo impedir que Pablo consiguiera algunas conversiones, entre ellas, la del ilustre Dionisio Areopagita. A continuación enfilamos hacia la gran colina en la que como una auténtica fortaleza natural se asienta la Acrópolis. Atravesamos la Puerta Beulé, seguimos hacia los Propileos, Templo de Atenea Niké, Vía Sacra, Erecteion hasta detenernos atónitos ante el Parthenón. La guía nos explica que este grandioso templo fue mandado construir por Pericles en honor de la diosa Atenea Parthenos. Se había mantenido como el edificio perfecto que era hasta el año 1687 en que la artillería veneciana bombardeó la colina de la Acrópolis, ya anteriormente convertida por los turcos en fortaleza y depósito de explosivos. Fue entonces cuando La Acrópolis sufrió la mayor destrucción de su historia. Y del Partenón quedó en pie la mayoría de sus imponentes columnas; pero sin techo, a cielo abierto. A su alrededor, un mundo de estatuas mutiladas, tristes, fantasmales; pero increíblemente humanas... Encontrarse aquí físicamente, sintiendo más que viendo esta ciudad de edificios incomparables por su significación y su belleza, las cumbres del arte antiguo aún palpitantes de vitalidad…sí que es estar soñando despiertos.Ya sólo faltaba que aparecieran por aquí Tales de Mileto, Pitágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles, Demóstenes, Fidias, Píndaro, Euclides y hasta el pobre Diógenes, con su farol a plena luz del día, buscando un hombre honrado… Uno a uno, vivos otra vez, todo ese celebérrimo elenco de héroes, pensadores y artistas que pudimos conocer en largos años de estudio… Traspasado el Parthenón, nos asomamos al mirador oriental para contemplar el barrio  de Plaka, el centro moderno de Atenas, el templo de Teseo y la plataforma desde la que Demóstenes lanzaba sus diatribas contra el macedonio Filipo II. Avanza el mediodía. La Acrópolis parece un enjambre de turistas, pululando bulliciosos por el recinto amurallado. Y como el sol aprieta de lo lindo, decidimos tomar sin más demora el odós Apostólou Pánlou o camino segundo de bajada a la ciudad.  (CONTINUARÁ) 

 

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